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Se trata del espacio arquitectónico más característico de la Catedral de Guadix. A la misma se accede a través de un arco de esviaje doble, popularmente llamado arco “de cuerno de toro” por el sentido decreciente del intradós a medida que se extiende de un lado a otro.

La capilla de San Torcuato, dedicada a la memoria del santo patrón fundador de la diócesis accitana, en la actualidad cumple la función de capilla sacramental, por lo que a la hora de acercarse hasta ella, es imprescindible el decoro y el silencio.

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De planta completamente redonda, se cubre mediante una cúpula profusamente decorada dividida en ocho partes, alternando en su decoración motivos vegetales y angelotes. Del centro, pende una llamativa lámpara plateada. Esta capilla, está claramente inspirada en la conocida Capilla Caraccioli de Nápoles, y fue proyectada en el siglo XVI por el maestro castellano Diego de Siloé.
En el retablo central, barroco, dividido en dos cuerpos, se encuentra la imagen de San Torcuato, flanqueado por otras de menor tamaño de sus compañeros mártires: los varones apostólicos. En la parte superior del retablo, un altorrelieve ilustra el bautismo de Santa Luparia, según la tradición, la primera mujer accitana que abrazó la Fe cristiana. Timbra el retablo una corona con las palmas del martirio, en alusión al triunfo del Santo dando la vida por la predicación de la Buena Nueva.

En los retablos laterales, de menor tamaño, se encuentran dos imágenes de la Escuela Granadina del XVIII de máximo interés: un busto de  Ecce Homo atribuido a José Risueño y un San Juanito con el cordero, de tamaño académico y delicadas facciones.

Bajo el altar, en una urna de plata, reposan los restos del Obispo accitano Medina Olmos y compañeros mártires, asesinados durante la Guerra Civil y beatificado en 1993 por San Juan Pablo II.