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C abe afirmar, en líneas generales, que el principal atractivo de la Catedral de Guadix es su riqueza arquitectónica, fundiendo en un solo conjunto, de forma armoniosa, los tres estilos correspondientes a cada una de las épocas en la que fue construida, desde el gótico hasta el barroco.

A través de tres  siglos han sido varios los maestros que han proyectado sus conocimientos en la hechura de la Catedral accitana, desde Diego de Siloé en el XVI hasta Vicente Acero y Gaspar Cayón, ya en el siglo XVIII, concluyendo las obras y otorgándole a la Catedral su actual aspecto tan barroco.

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Así, en las bóvedas del primer tramo de las naves que conforman la planta se aprecian las arcadas ojivales tan características del gótico, dando paso a medida que avanzan, a los arcos de medio punto más característicos del Renacimiento y del Barroco, reforzados por altas pilastras, poderosas ménsulas y decorados pilares cruciformes ricamente embellecidos. Ya en la girola (de una belleza clasicista sorprendente), y sobre todo en el presbiterio, advertimos la presencia de la fase más densa y abigarrada en la decoración.

Jalonada en las naves laterales por capillas cuya construcción (salvo la de San Torcuato) responde a un mismo patrón arquitectónico, es de destacar la presencia de girola en la Catedral, reminiscencia de las catedrales medievales y de las principales iglesias de peregrinación, pues no en vano, el templo madre de la Diócesis accitana fue concebido como un espacio sacro donde la veneración de las reliquias de los santos, es sustituida por la adoración del Santo de los Santos: el Santísimo Sacramento, que se expone y adora en el tabernáculo, punto focal del recorrido que se realiza por las naves en torno al presbiterio.